Las lluvias de rubíes se recolectan. De la verde se huye. Y bajo ese cielo, en la fortaleza de Götesia, seis especies conviven obedeciendo una regla que nadie ha escrito nunca y que todo el mundo cumple: aquí la belleza es la única aristocracia que importa.
Áurima no es un decorado con nombres bonitos. Tiene economía, castas, un sistema de magia con reglas cerradas y un precio que se paga en carne. Esto es lo mínimo para no perderse.
Cristal pulverizado que se esnifa. Solo tres de cada diez personas desarrollan un aura; el efecto dura entre diez y veinte minutos y después vienen los mocos. Hay más de sesenta auras con nombre propio —telequinesis, umbromancia, cristalización, escamación, nigromancia— y tres clases de usuario: hechicero, guerrero e invocador. Un vial cuesta más de mil krits, así que la magia es, literalmente, un artículo de lujo con dueño.
Toda aura se paga. A uno la piel se le queda rígida como la piedra. Otro pierde escamas cada vez. Otro ya no sabe vivir sin el vial.
Götesia está partida en dos y la línea no la traza el dinero. Arriba, en el Relicario, viven los gemas: pieles prístinas, el pelo hasta el suelo, linajes cuidados como joyería. Abajo, en las Bóvedas y el Muladar, malviven los vidrios, que comen lo que encuentran y aprenden pronto a no mirar hacia arriba. No te coloca lo que tienes: te coloca la cara con la que naciste.
¿De qué lado habrías nacido tú?
Máscara negra. Ojos azules. Una esfera de cristal que flota a su lado y no obedece a ninguna mano. Mata por toda la fortaleza, y el investigador Véctor y su compañero lacerti salen a buscarlo con lo poco que tienen. En Götesia solo se conoce a un telequinético, y todo el mundo sabe quién es. Todo el mundo, además, está de acuerdo. Eso debería preocuparte.
Es un misterio de juego limpio: todas las pistas están a la vista desde el principio. Buena suerte.
Dibujadas a plumilla por Enric Cabré Chamorro para la edición de Sangre de vidrio, en versión masculina y femenina. Estas son todas. En Götesia conviven las seis, aunque «convivir» sea una palabra generosa.
La especie base de Götesia y la única que aparece con naturalidad a los dos lados de la línea: hay humanos entre los vidrios y humanos entre los gemas, y la diferencia entre unos y otros no es de sangre. Es tu punto de entrada al mundo y también el recordatorio más incómodo de que la frontera es arbitraria.
En el libro: Liry, el niño ladrón que lleva ocho años esperando · Véctor, investigador de bigote y gabardina violeta.


Escamas de colores, casi siempre azules; una cresta de plumas que recorre la espalda; cola, y pulseras de oro y plata que suenan al andar. En Götesia sirven: la inmensa mayoría de los lacerti ocupan puestos de servidumbre. Eso no es una nota de color en el mapa, es una de las tramas más duras del libro y no está puesta ahí para decorar.
En el libro: Cartabón, compañero de Véctor · Azul, sirviente en la casa Burg.


Bajitos y cubiertos de pelaje. Orejas de conejo que van cayendo con la edad —a un larkin viejo se le reconoce desde el otro lado de la plaza— y bigotes largos que se acarician a modo de saludo, un gesto que en Götesia significa más que un apretón de manos. Les gustan las piedras preciosas y se cubren de ellas sin el menor pudor.
En el libro: Solaris, el larkin del prólogo · la chica larkin a la que Liry saca de un mal sitio.


Peludos, expresivos y en todas partes: los encontrarás detrás de un puesto de mercado regateando con una sonrisa enorme y también dentro de una banda, con las manos sucias y la sonrisa igual de enorme. Áurima no reparte a las especies entre buenas y malas. Reparte oportunidades, que es bastante peor.
En el libro: Garl, el mejor amigo de Liry · Matriz, investigadora.


Cuernos, piel de colores y trenzas largas. Prácticamente inmortales: doscientos, trescientos años o más, encadenando vidas sucesivas. Han visto caer fortalezas enteras y volver a levantarse con otro nombre, lo cual no los vuelve sabios necesariamente, pero sí extraordinariamente difíciles de impresionar. Cuando un demonio te dice que ya ha visto esto antes, no está presumiendo.
En el libro: Rakdos, el mentor · Roy.


Piel de roca rugosa, musgo cuidado en la parte alta como quien se peina cada mañana, enredaderas con cristales incrustados a modo de cabello y flores creciendo en las grietas. Por dentro no llevan sangre: llevan geoplasma. Y se reproducen escupiendo geodas, un detalle exactamente tan poco romántico como suena y del que ellos no ven motivo para avergonzarse.
En el libro: Torodd · Avakk, jefe de los lentes · Bégimo.


Las doce láminas son obra de Enric Cabré Chamorro, dibujadas a plumilla para la edición de Sangre de vidrio. Portada de Elsa Velasco.
La klausita no te da un poder. Saca a relucir lo que ya eras.Sobre las auras
Dalia se vendió al clan Berith por mil krits para que su familia no muriera de hambre. En el puente, su hijo Liry le dijo que la esperaría a que volviera. Ella no tuvo valor para explicarle que era para siempre.
Ocho años después Liry sigue esperando, y roba para comer. Mientras tanto, alguien con una máscara negra ha empezado a matar en Götesia; un chico de dieciséis años se consume con la droga que fabrica su propio padre; y en las Bóvedas hay quien ya ha decidido que la única forma de subir es tirando de alguien hacia abajo.
Fantasía épica adulta y novela negra de juego limpio en el mismo volumen: prólogo, sesenta y tres capítulos, seis interludios y epílogo. Cada capítulo lleva por título un aura distinta.
Sangre de vidrio es fantasía adulta y cruda. Publicamos la lista completa porque un lector informado es un lector mejor, y porque preferimos que este libro llegue a quien de verdad lo quiere.
Contiene: violencia gráfica y tortura; decapitaciones y mutilación; muerte de personajes queridos; peligro y violencia contra menores; esclavitud y trata de personas; referencias a violencia sexual (mencionada, no descrita); adicción a sustancias; maltrato paternofilial; ideación suicida; gordofobia y una relación insana con la comida y el ejercicio en la trama de un personaje; body horror (infección fúngica, cuerpos mantenidos en muerte en vida); y crueldad animal en un ritual religioso.
Antes de ser un libro, esto fue una mesa. Quince años de partidas dirigidas por David GM con un sistema propio, con gente preguntando y el mundo respondiendo. El Discord es donde Áurima vuelve a ser eso: un sitio al que entras, eliges quién eres, y alguien te contesta.